ECOBLANQUEO O GREENWASHING DE LA ACTIVIDAD MINERA EN POTOSÍ BOLIVIA, CUANDO UN DISCURSO VERDE PRETENDE OCULTAR LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL Y SOCIAL REAL

Por: Milenka Almanza

Acontravia.com

Potosí, en Bolivia, es un territorio sacrificado históricamente por intereses económicos y de poder, no solo en la esfera boliviana, sino también en beneficio de lógicas de acumulación que operan a escala global.

Esto ha derivado en la naturalización de alrededor de 104 pasivos ambientales en el departamento, inventariados por el Servicio Geológico Minero de Bolivia en 2014; de actividades mineras dentro de la ciudad, al lado de colegios, con afectaciones por metales tóxicos incluso dentro de las instalaciones educativas; de diques de colas de actividades mineras actuales ubicados en todo el departamento —incluso al interior de las manchas urbanas—; de personas con plomo en la sangre; de especies vegetales con niveles alarmantes y tóxicos de metales pesados; y de ríos con niveles altísimos de contaminación. En suma, existe una crisis departamental de contaminación minera crónica.

Esto evidencia que el problema ambiental derivado de la actividad minera no es un tema abstracto, como se pretende hacer creer en las esferas potosinas.

A pesar de todo lo anterior, en los últimos tiempos ha surgido una singular estrategia de marketing de varios operadores mineros que buscan «salvar Potosí» y proyectar ante la población una imagen de alta responsabilidad ambiental, mediante estrategias de lavado de imagen destinadas a desviar el debate y las responsabilidades, utilizando como bandera el ecoblanqueo o greenwashing.

El ecoblanqueo o greenwashing consiste en que una empresa, organización o producto proyecta una imagen falsa o exagerada de responsabilidad ecológica para parecer más «verde» de lo que realmente es, o incluso de lo que realmente puede ser. Básicamente, se crea una cortina de humo verde que busca presentar a empresarios mineros, operadores mineros y empresas mineras transnacionales como buenos ciudadanos, con un alto compromiso ambiental, para ocultar un impacto ambiental real. Esta estrategia encuentra un terreno fértil en el discurso político y en la búsqueda de la desinformación.

Estas manifestaciones de greenwashing se expresan en Potosí de diversas maneras: desde la donación de contenedores de basura para Chutillos —fiesta patronal judeocristiana potosina— por parte de empresarios mineros, acompañada incluso de actos formales y públicos de entrega, con la complicidad de algunos medios de comunicación y la presencia y validación de autoridades de turno; hasta la realización de campañas de recolección de tapitas de refrescos promovidas por empresarios mineros para niños que sufren cáncer, mientras el arsénico que se emana de las actividades mineras es un elemento rigurosamente catalogado como cancerígeno para los seres humanos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, cuyas siglas son IARC (por su nombre en inglés, International Agency for Research on Cancer).

La estrategia también alcanza la adopción, por parte de empresas transnacionales, de un lenguaje asociado a conceptos como «minería responsable», «minería sostenible», criterios ASG (Ambiental, Social y de Gobernanza) y «huella de carbono», acompañada de la contratación de consultores de «alto nivel», por lo general extranjeros, que publican informes con gráficos verdes. Mientras tanto, en los tribunales, una sentencia ordena restaurar lagunas contaminadas con cianuro.

Por otro lado, desde el relato de los operadores mineros se entrevén discursos como: «Agradezcan que estamos invirtiendo en Potosí; vean los edificios que estamos construyendo» o «Estamos comprometidos para que el centro histórico de la ciudad tenga una buena imagen para los turistas y esté libre de basura».

Frente a ello, habría que preguntar si construir edificios millonarios es sinónimo de desarrollo y, sobre todo, ¿desarrollo para quién? ¿Potosí será solamente el centro histórico? Si una persona se desplaza hacia las zonas de la ciudad donde existe actividad minera, encontrará un paisaje plomizo, disoluto y desolador.

Entonces, el ecoblanqueo en Potosí se articula sobre varios pilares: desde el rol de los medios de comunicación, que priorizan la cobertura de estas manifestaciones, muchas veces desde la noticia sensacionalista; pasando por una identidad minera potosina que evita cuestionamientos a la actividad minera o la naturaliza, distorsionando la imagen de los operadores mineros hasta el punto de presentarlos como salvadores de Potosí, con relatos como: «¡Qué persona más comprometida con su tierra es el empresario X!» o «El Concejo Municipal debería condecorarlo».

Este fenómeno también se extrapola a discursos oficiales provenientes de entidades públicas, como las empresas de aseo, que lanzan conferencias de prensa para alabar el gesto del empresario y su «preocupación por la basura en Potosí», denotando una evidente debilidad institucional. A ello se suman las retardaciones procesales y la falta de reacción de las autoridades ante hechos como el colapso de diques de colas, como el ocurrido en la Federación de Cooperativas Mineras en 2021 y el colapso del dique de colas de El Kenko, en Llallagua, en 2025.

Pero, por sobre todo, la paradoja de que una región tan rica en minerales sea, al mismo tiempo, una de las más pobres y contaminadas constituye una forma de greenwashing estructural.

Todo esto sucede mientras los ríos de Potosí mueren y se convierten en espacios vacíos, con olor a mineral, lo que evidencia un sistema económico y político que prioriza la extracción y el lucro por encima de la vida y del medio ambiente.

Mientras el modelo económico extractivista boliviano continúa exportando naturaleza, falla en ofrecer horizontes alternativos y alimenta la vorágine mundial por las materias primas, manteniendo abiertas e infectadas las venas de una deuda ambiental aparentemente eterna en Potosí.

INVESTIGACIÓN DEVELA QUE COLEGIOS EN POTOSÍ CONVIVEN CON METALES TÓXICOS MINEROS Y EVIDENCIA DATOS ALARMANTES DE ELEMENTOS TÓXICOS MINEROS EN PLANTAS EN POTOSÍ, BOLIVIA

Por: Milenka Vanessa Almanza López

Potosí, territorio históricamente sacrificado por intereses económicos, mineros y de poder, enfrenta una contaminación ambiental que ya no puede ser ignorada: el monitoreo comunitario realizado por Acontravia junto a comunidades, estudiantes y mujeres de Cantumarca y Pailaviri evidenció la presencia de arsénico, antimonio, cadmio, plomo y zinc en el polvo de unidades educativas y en especies vegetales, además de signos visibles de deterioro de la flora y ausencia de líquenes, indicadores de alteración de la calidad ambiental. Los análisis revelan concentraciones tóxicas particularmente graves: el 100 % de las especies evaluadas en Pailaviri presentó niveles excesivos o tóxicos de arsénico, cadmio y zinc, mientras que en Cantumarca se registraron niveles preocupantes de arsénico, plomo y zinc; el caso más alarmante alcanzó 205,82 mg/kg de arsénico en una Kiswara, aproximadamente 121 veces el valor de referencia. Estos resultados no representan una anomalía aislada, sino una evidencia del deterioro ambiental acumulado por décadas de actividad minera y de la exposición cotidiana de comunidades y estudiantes a sustancias tóxicas. Potosí no enfrenta simplemente un problema ambiental: enfrenta la lenta degradación de su ecosistema y la normalización de un sacrificio que no puede seguir justificándose en nombre del dinero.

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Potosí, Bolivia es un territorio sacrificado históricamente por intereses antropocéntricos económicos, capitalistas y de poder. Muchas vidas transitan en ese escenario de no importismo de los gobernantes, el Estado y de propios y extraños.

En ese contexto el Colectivo Acontravia de Potosí, formado en su mayoría por hijos de mineros y habitantes de zonas de sacrificio ambiental, ha gestado juntamente con las comunidades afectadas tanto de la zona de Cantumarca como la zona de Pailaviri en la ciudad de Potosí, un proceso de Monitoreo Ambiental Comunitario de metales tóxicos que provienen de las actividades mineras, como: Arsénico, Antimonio, Cadmio, Plomo y Zinc. Esto se realizó junto a estudiantes de los Colegios: 6 de Junio B (Cantumarca), Manuel Ascencio Padilla (Pailaviri) y mujeres de la zona Campamento Pailaviri.

Parte del monitoreo comunitario ha consistido en identificar evidencias visuales y físicas de la presencia de contaminantes en las infraestructuras de los colegios; en ese sentido se  ha encontrado  en primera instancia al interior del Colegio Manuel Ascencio Padilla: en  ventanas, patios, barandas que a simple vista existen concentrados minerales depositados- esto considerando que a escasos metros de esta Unidad Educativa existe actividad minera de constante carguío y descarguío de minerales, también pasivos ambientales y comercializadora de minerales.

Por otro lado, tanto en la zona Cantumarca como Pailaviri, se ha evidenciado que las plantas (principalmente nativas) están presentado síntomas visibles de estrés por exposición crónica a contaminantes tóxicos, como: Clorosis en hojas, necrosis en hojas, sequedad y marchites, enanismo de las especies vegetales, aborto floral. Tampoco se pudo  observar presencia de especies de Líquenes, que por sus características biológicas son excelentes bioindicadores de la calidad del aire.

Eso no es todo, producto del análisis de muestras de polvo tomadas en el interior de los colegios mencionados, se evidenció la  presencia de todos los elementos tóxicos analizados; es decir, en las labores educativas, tanto: estudiantes, docentes, plantel administrativo y madres/padres de familia están conviviendo con: Arsénico, Antimonio, Cadmio, Plomo y Zinc. Las concentraciones de las muestras al exterior de los colegios y cerca  las fuentes de contaminación, que se encuentran a escasos metros de los colegios, tienden a aumentar, lo cual hace pensar que la calidad del aire en polvo de las zonas Cantumarca, como Pailaviri están igualmente afectadas por la toxicidad de estos elementos.

La investigación de Acontravia abarco además el muestreo de vegetación en estas zonas. Se analizó las concentraciones de: Arsénico, Antimonio, Cadmio, Plomo y Zinc en especies vegetales nativas de la región y una especie introducida. Los resultados muestran que las especies vegetales presentan niveles excesivos o tóxicos sobre todo de Arsénico en el cien por ciento de las especies muestreadas en la zona Pailaviri y en el 80 % de las especies muestreadas en la zona Cantumarca. El cien por ciento de las especies muestreadas en zona Cantumarca presentan concentraciones excesivas o toxicas de Plomo y Zinc. En  Pailaviri el cien por ciento de las especies vegetales evaluadas presenta concentraciones excesivas o toxicas de Cadmio y Zinc y el ochenta por ciento de estas, presentan concentraciones excesivas o toxicas de Plomo. (Valores de rangos en base a: Kabata-Pendias, A., & Pendias, H. 2001). Esto demuestra una afectación por contaminación histórica de estos elementos en las especies vegetales y se puede extrapolar a una evidencia histórica de la contaminación ambiental minera en la ciudad de Potosí.

Además es importante considerar que el dato más  alarmante del estudio, corresponde a 205, 82 mg/Kg de Arsénico en una muestra de Kiswara en la zona Pailaviri, siendo el valor de Concentraciones Aproximadas de Oligoelementos en Tejido Foliar Maduro Generalizadas  de 1.7 mg/Kg, lo cual evidencia que se supera este valor de referencia en 121 veces, esto es como imaginar  que el límite seguro de arsénico en una planta es 1 sola cucharadita de azúcar en una taza de café. Esta planta de Kiswara no tiene 1 cucharadita, sino 121 cucharaditas (es decir, más de media taza de azúcar llena de veneno) en esa misma taza. Es una sobredosis masiva, » Esto por supuesto no es un dato aislado, no es una rareza científica, es un grito de auxilio del ecosistema,  es una muerte lenta de la flora escasa y nativa en Potosí. El problema entonces no acaba ahí, pues estos datos ultra alarmantes son la punta del iceberg de la afectación y degradación ambiental por estos elementos tóxicos provenientes de la minería en estas zonas de la ciudad de Potosí. Bajo estos resultados las autoridades sobre todo: Ambientales, de salud y educación deberían accionar inmediatamente, pero además es un llamado urgente a la población a dejar de naturalizar la muerte lenta, a dejar de priorizar el dinero por sobre la vida!

RETOS DE LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA DESDE EL SUR GLOBAL

Por: Milenka Almanza

El planeta tierra tiene alrededor de 4.5 mil millones de años, este tiempo es colosal en relación al escaso tiempo que lleva el ser humano (Homo sapiens) en la tierra, tan solo 300,000 a 350,000 años, que representa  apenas 0.0066% de la edad de la Tierra.

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Si bien el ser humano habita la tierra ese corto tiempo, un grupo reducido de humanos en apenas dos siglos  transformado radicalmente el mundo, basada en la lógica de acumulación indefinida. La revolución Industrial unos de los eventos históricos vistos desde la humanidad, como triunfo ha dado paso para consolidar el capitalismo como sistema dominante en una planeta mega diverso que no solo es habitado por humanos.

Esa nueva dinámica mundial supuso y supone una escalada tremenda en el uso de energía que se extrae de los ecosistemas en forma de petróleo (principalmente), gas natural o carbón que en resumen son fuentes fósiles y no renovables. En términos generales a provocado un desequilibrio ecológico en el flujo de energía en los ecosistemas y ha llevado a una crisis ambiental, ecológica y climática sin presidentes, logrando hacer crecer las economías mundiales a costa del sacrificio ambiental.

Este uso de energía para los procesos productivos, transportes locales- globales y uso residencial y servicios ha ido en franco crecimiento en el tiempo. Estos datos son fríos si no se analiza de donde provienen las fuentes de energía, que implica su extracción.

En un contexto de insostenibilidad global, resulta insuficiente apelar a la ‘humanidad’ como responsable. Quienes han provocado la crisis -élites corporativa- pretenden ahora monopolizar el relato de la transición energética, reduciéndola a un recambio tecnológico que no cuestiona la lógica extractivita ni la desigualdad estructural.

DINAMICAS DE PODER INHERENTES

Los países del norte global, históricamente favorecidos por el intercambio desigual de materias primas y de la división internacional del trabajo, han derivado en progresión de poder, que subordina a los territorios del sur global, a exportar a la naturaleza de sus territorios.

Para eso, es necesario comprender la lógica de la transición: pasar de los combustibles fósiles que se basan en el extractivismo a pasar a la transición energética que se basa en la extracción de minerales “críticos (Litio, Cobalto y tierras raras), que casualmente están en los países del sur global, históricamente saqueados, pero esta vez se constituye en un campo de batalla de poder en bloques; es decir de los países o Estados dominantes convencionales (Estados Unidos, Unión Europea) y los emergentes como China.

Esos poderes del  Norte Global desean mantener intactas sus dinámicas consumistas, no pretender reducir sus tazas de consumo y demanda de energía, sino, solo cambiar de fuente de energía, así delimitan las reglas del juego y definir qué proyectos son viables y cuáles no. Los países del Norte global definen el riesgo a  través de financieras tradicionales (FMI – Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial), así países como Bolivia, Argentina y Chile que poseen los minerales “críticos”, pero no capital para industrializarlos, subordinan sus decisiones que tendrían que ser soberanas a arbitrajes corporativas. Como ejemplo la extracción del litio en Bolivia, pasa por intereses geopolíticos corporativos en disputa, mientras el riesgo ambiental de desastre es alto por la alta demanda de agua en ecosistemas hiperáridos y las comunidades originarias no son sujetos de consultas previas libres e informadas, de manera idónea y ética.

¿LAS TECNOLOGIAS EMERGENTES O ENERGIAS RENOVABLES SON LA SOLUCIÓN?

La transición energética no solo es un canje de fuentes de energía, ya que no elimina la dependencia geopolítica, sola la desplaza. No es solo pensar en que las soluciones se basan en los paneles solares y las turbinas de generación de energía eólica. El problema pasa por una nueva forma de colonización, a través del extractivismo verde, un nuevo rostro del capitalismo, mimetizados como ambientalmente necesarios.

Con la denominada transición energética corporativa, el uso de espacios para la instalación de parques eólicos  o megaproyectos fotovoltaicos, por ejemplo, hace uso de  grandes extensiones de terreno en México en tierras que son de uso colectivo y/o de comunidades indígenas originarias que suelen ser desplazadas.

La lógica de acumulación por desposesión se amplifica a recursos donde los minerales “críticos” se encuentran en ecosistemas más vulnerables como los salares o en territorios donde se producen más desigualdades sociambientales globales como la extracción de cobalto en el Congo. Entonces se  constituyen en primera instancia como falsas soluciones a la crisis climática, y son soluciones ambiguas que n descolonizan la transición, sino la mercantilizan.

CONCLUSIONES

En definitiva los retos desde el sur global, para la transición energética, son complejos, donde el poder tiene la posibilidad de definir las crisis o transiciones a su manera y bajo sus reglas.

La transición energética no solo pasa por ser un reto técnico de cambio de fuentes de energía más “limpias” que muestran soluciones ambiguas e insuficientes. Es necesario replantear la escala con que sean usadas las renovables, para quienes y para que uso, sin sobrepasar la soberanía energética comunitaria, dejar de exportar naturaleza, que se enmascaran como  soluciones en base a los extractivismos verdes. No seguir mimetizando peligrosamente  la continuidad del colonialismo en este caso además ecológico, que no cambia la lógica extractiva y de poder geopolítica, sino cambia el recurso explotado.

La transición energética tendrá que pasar por soberanías comunitarias, no corporativas, con justicia global. Donde las demandas de energía sean las mínimas y coherentes con las dinámicas ecosistemicas que han evolucionado y subsistido por  millones de años.

LA LUCHA DEL PUMA POR SOBREVIVIR EN TERRITORIO POTOSINO

Por: Milenka Almanza

Estos conflictos emergieron porque todo este enmarañado de desequilibrios en el ecosistema producto de la actividad humana que se supedita a intereses económicos, en una evidente mercantilización de la vida, busca la ganancia máxima para la especie humana. Sumado por la dejadez de las autoridades Municipales, Departamentales y Nacionales.

 

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Los hechos suscitados en el Departamento de Potosí – Bolivia en enero de 2026,  han quedado en la retina y las fibras más hondas de la relación humanos con la naturaleza. Circuló  en varias redes sociales un video de un Puma (Puma concolor) en el Municipio de Vitichi, que había sido alcanzado por una trampa puesta para eliminarlo con tal saña que no les basto con atraparlo, sino que le tiraron  piedras mientras él rugía desesperado y se estima que lo habrían matado de esa forma.

Esta situación es sumamente alarmante, porque no es un hecho aislado y porque invisibiliza la importancia ecológica de esta especie de supradepredador en los ecosistemas, valor que muchas veces es ignorada por las comunidades y analizar su implicancia es urgente.

Entender que el puma andino es una alusión de interconexiones evolutivas, ecológicas, históricas e incluso culturales, nos brinda un pantallazo preliminar. Esta especie posee una gran capacidad de adaptación a diferentes hábitats, puede vivir incluso en zonas con poca vegetación en zonas abiertas. Aunque de acuerdo al Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia (2009) el Puma si bien tiene requerimientos de hábitat generalistas, posee densidades poblacionales bajas. Ha sido removido de listas rojas previas, solo en base a datos de poblaciones en tierras bajas de Bolivia; el mismo texto de la versión del 2009, asevera que las poblaciones de puma en las tierras altas de Bolivia han sido eliminadas o son bajas.

Estos datos son preocupantes, pues el Puma es un carnívoro terciario o supradepredador y su ausencia o reducción de sus poblaciones tiene efectos adversos en el ecosistema.

Actualmente el Municipio de Vitichi no cuenta con censo de poblaciones y densidad de individuos de esta especie de félidos – aunque por la ley de transferencia de energía los pumas por lo general tienen una baja densidad poblacional y por ende requieren de extensas áreas para cazar – lo que exacerba el problema, lo invisibilisa y crea una mentís de acciones de los habitantes humanos actuales de este territorio, pues, el Puma es uno de los animales por excelencia en el mundo prehispánico, sobre todo por su fiereza y considerado además un Dios, representado en textiles, arquitectura. Incluso muchos apellidos derivan de ese vocablo.

Esta situación ha derivado en un evidente conflicto animal – humanos, que no solo se da en Vitichi sino que es  la causa principal de la casi desaparición de esta especie en la región de los Andes bolivianos.

Esto se evidencia en algunos comentarios en  la red social Facebook al respecto: “No son cazadores, son campesinos defendiendo su ganado”; “a estas horas ya lo habrán hecho charchi (vocablo quechua, para carne seca o deshidratada) ; “En Vitichi se suele utilizar esas trampas dañinas para el ecosistema, incluso en una ocasión se comieron al pobre puma, sancionen a su alcalde incompetente” “¿cómo le explicas al comunario la pérdida de su ganado  que es el sustento de su familia?, se tiene que ver ambas caras de la moneda”; “Hagan una ley que favorezca a los animalitos protegidos y también al comunario, no es solo decir animales protegidos y quién responde por los daños que dejan a los comunarios cuando matan su ganado, ojo no solo matan uno sino de 5 para arriba, tienen que ver ambas caras de la moneda y no es solo decir pobre animalito, hace años en sabaya se lo mataron 20 a 50 llamas y los dueños llorando por la televisión y no escuché decir pobres comunarios, solo veo a gente hipócrita que sale sin propuestas”; ¿qué crees que la llama va vivir en casa ? Y donde va comer de día, ese animal no perdona ni de día ni de noche y al dueño quien le va resarcir por eses (esos) daños”; de noche tiene corral las llamas, el puma igual entra de día el ganado va al cerro a comer pasto y cuando mata el puma, mata de 20 y más y quien nos devuelve tantas cabezas, muerto, muerto es ni para vender ni para comer da”.

Es innegable el descontento (en algunos casos animadversión)  de estas personas con la presencia del Puma en el territorio. Por esa razón en este artículo planteo que el origen de esta problemática va más allá de solo pensar al Puma como un ser que irrumpe arbitrariamente en los intereses de los ganaderos de la zona. La presencia más frecuencia de este félido, no es casualidad o saña, responde a la confluencia de factores interconectados que en suma fragmentan su hábitat, lo desplazan y en muchos casos acaban incluso con las especies, aunado por los efectos de contaminación de cuerpos de agua (sobre todo el rio Vitichi) y aire con agentes de polución, ruido y vibraciones que generan por ejemplo actividades mineras.

En ese marco, de acuerdo al El Servicio Nacional de Registro y Control de la Comercialización de Minerales y Metales -SENARECOM (2025), existe actividad minera en el Municipio de Vitichi – a pesar de tener un alto potencial productivo frutícola- Además el Alcalde de Vitichi Silverio Donaire en 2024 denuncio que su Municipio es afectado por la contaminación de ríos. Entonces hay elementos importantes para establecer que el factor minería en la zona  aporta a la problemática, pues  la minería afecta a la biodiversidad en múltiples escalas.

Otro aspecto importante en el análisis es  la invasión de hábitats por aumento en los espacios poblacionales y la ganadería intensiva de camélidos. El elemento anterior y este denotan un umbral antropocentrista de esta problemática.

Por esta razón es sustancial comprender que los Pumas son supradepredadores; es decir, que en teoría se encuentra en la cima de la cadena alimentaria, o que no tiene depredador; sin embargo, en el caso del Puma atrapado en Vitichi y otros, no se cumpliría esta premisa, ya que está siendo cazado con frecuencia por el ser humano, convirtiéndose este en su depredador.

Lo más preocupante en este caso, es la fragmentación de hábitats que  puede tener relación con la instalación de actividades mineras de acuerdo a Primack (2002). En el caso particular acerca de la perdida de la conectividad ecológica. Los pumas al ser forzados a moverse por paisajes fragmentados, entran en contacto con ganado y personas y cazar en lugares y presas que en otrora no eran usuales.  Cuando las habitas se fragmentan las poblaciones de presas disminuyen, razón por la cual los Pumas están recurriendo con más frecuencia a cazar llamas (Lama glama) y ovejas (Ovis aries) en la zona.

Y si indagamos más profundo en la cadena trófica, habrá que comprender que la fragmentación de hábitat no solo afecta a los Pumas, sino también a los depredadores secundarios, para el caso particular de estudio pueden ser zorros o víboras de los cuales se alimenta el Puma también. Es  posible que las poblaciones de estos depredadores secundarios estén mermando y así afectando toda la cadena trófica.

En definitiva, estos conflictos emergieron porque todo este enmarañado de desequilibrios en el ecosistema producto de la actividad humana que se supedita a intereses económicos, en una evidente mercantilización de la vida, busca la ganancia máxima para la especie humana. Sumado por la dejadez de las autoridades Municipales, Departamentales y Nacionales. Un marco normativo boliviano escaso y  limitado a:  Constitución Política del Estado, Ley 1333 de Medio Ambiente relacionado a delitos ambientales por caza ilegal , Ley 300 Marco de Madre Tierra y Bolivia es signataria de convenios Internacionales como el Convenio Internacional sobre la Diversidad Biológica.

En ese escenario de urgencia, son necesarias proyectos e investigaciones profundas que se centren en la conservación del Puma y la integralidad del ecosistema, ejecutadas por todos los niveles del Estado y Organizaciones de la Sociedad Civil. Evaluaciones de causas de mortalidad de ganado por depredación versus  muertes por mal nutrición, por ejemplo. Ya que el ser humano si puede matar al ganado, porque en su lógica se justifica que genera ganancia económica su muerte; sin embargo, el puma no puede matar al ganado porque en la lógica humana el nicho ecológico el puma o su función ecosistémica no importan.

A nivel comunal se pueden instaurar vigilias nocturnas comunitarias acompañadas por la cría de canes.  Cambiar la crianza intensiva de las especies camélidas y ovinas; es decir, pensar los usos posibles que el ganado dará al hato. Los comunarios y dueños de ganado, tendrán que invertir en sitios que acojan adecuadamente al ganado.

Las Autoridades antes de considerar resarcimientos económicos a los pecuarios por pérdida de ganado por depredación del Puma, habrán de indagar pertinentemente sobre el origen holístico de esta problemática, de lo contrario  nuevamente se estarían reduciendo la problemática a la dimensión económica y asistencialista.

En definitiva este conflicto es asimétrico y es producto de un asedio invisible de la actividad humana por actividades mineras, ganadería intensiva u otros y no alcanza a entender  que el puma como supradepredador,  es el máximo regulador del ecosistema y la fragmentación de su hábitat desestabiliza toda la red trófica. Su conservación es un indicador de la salud y conectividad del paisaje. Su papel ecológico del Puma  es insustituible y requiere justica ambiental.

POTOSÍ LA CIUDAD DEL CEMENTO, LA MINERÍA Y EL NEGACIONISMO CLIMÁTICO SE INUNDA

Por: Milenka Almanza

Hay una cadena de eventos que la población se niega entender: Más extractivismo minero más dinero para derrochar y generar más basura, que luego por la escasa educación – conciencia ambiental e individualismo de la población y la inoperancia de las Autoridades, hace que la ciudad se inunde.

 

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Potosí  es una ciudad boliviana marcada por el extractivismo minero y con sello inerte de identidad minera recalcitrante. El día primero de enero de 2026 mientras muchos de los pobladores celebraban la venida de un año nuevo, el poderío del fenómeno de la niña  hizo estragos en la ciudad que cavila que el Cambio Climático no sucede en Potosí.

Mientras la Ley 602 dictamina a los municipios prevenir desastres, en Potosí parece que solo se cuenta damnificados y se atiende llamadas de auxilio. El Gobierno Autónomo Municipal de Potosí (GAMP) ha reducido la gestión de riesgos a un número de teléfono que se activa cuando ya ha ocurrido el desastre. ¿Dónde están los planes de prevención, la mitigación, la ordenación territorial que evite asentamientos en zonas de riesgo? Esta lógica reactiva, que ignora las fases clave de prevención y preparación, demuestra una alarmante despriorización del bienestar colectivo.

También, la obstinación de la población en Potosí, la escasa investigación y acción tanto de Universidades y  Autoridades para que se puedan implementar obras de pavimentados que no impermeabilicen las calzadas, hace que  Potosí se convierta en la ciudad del Cemento, ¡cemento por aquí, cemento por allá!  No olvidemos que antes de tanto cemento en las calles Potosí en la zona abundaban aguas subterráneas, que fluían en un ciclo en interacción con las aguas superficiales, ahora las aguas de las lluvias buscan por donde correr: ¡corren hacia el desastre!

Esto aunado a que en Potosí reina el discurso público triunfalista, en medio de una crisis social y política que atraviesa el país. El Gobernador en suplencia temporal Marco Copa asevera constantemente: “en Potosí no hay crisis gracias a la minería”. Pareciera que las crisis para las autoridades son solo económicas, pero este desastre muestra lo contrario. Las crisis son multidimensionales y  como siempre la pagan los más empobrecidos.Solo como ejemplo la estudiante que perdió todo porque el agua arrasó con el único dormitorio donde ella vivía.

Esa jactancia basada en datos macroeconómicos, posibilita que los más ricos en Potosí “inviertan” en bienes inmuebles de cemento, obras que generan  los denominados escombros (residuos de Demolición y Construcción). De acuerdo a la Ley Municipal 286 (Gestión Integral de Residuos Sólidos del Municipio de Potosí), deberían tener un adecuado manejo y disposición final en sitios destinados por el GAMP. Queda claro que el GAMP, no cuenta con mecanismos adecuados para su real cumplimiento, ya que la Alcaldesa Leslie Flores pide a la población: “Por favor no boten basura, no boten escombros”, mientras los “inversionistas”, aprovechan esa situación para esparcir sus escombros donde mejor les convenga (hacen caso omiso a las suplicas de la alcaldesa)  esto hace que: se bloqueen los drenajes naturales y artificiales, se creen  desbordes  y aumente del poder destructivo del flujo de agua.

Estos flujos de agua cargados de sedimentos que taponean e inundan la ciudad, no solo provienen  de los escombros, sino también de residuos minero – metalúrgicos de gran y pequeño volumen que existen en la ciudad por años,  tales como: Las colas de San Miguel y Pàilavirí, e incluso con el incremento de la temporalidad y frecuencia de lluvias las ponen en riesgo su estabilidad.

Pero eso no es todo, hay una cadena de eventos que la población se niega entender: Más extractivismo minero más dinero para derrochar y generar más basura, que luego por la escasa educación – conciencia ambiental e individualismo de la población y la inoperancia de las Autoridades, hace que la ciudad se inunde.

Al mismo tiempo la visión desarrollista en Potosí, crea obras como los embovedados de ríos sin contemplar la implicancia del cambio climático en los caudales de diseño: en esta ocasión se evidencio como la naturaleza cobro espacio de lo que le fue quitado al confinar el rio, y se desbordo afectando varias zonas consideradas residenciales, como la avenida Unión.

El paisaje en Potosí es plomizo  y gris de residuos mineros y cemento. Existe mínima cantidad de cobertura vegetal, ¡parece que el potosino no sabe o ha olvidado que la vegetación es una de las  herramientas más poderosas, rentables y multifuncionales para la gestión del riesgo de inundaciones en ciudades!. No es solo un elemento paisajístico, sino una infraestructura verde crítica que opera a múltiples escalas.  En Potosí pasa lo contrario las áreas verdes están en franco menoscabo, hay más solicitudes de tala de árboles que de forestación o reforestación, hay muchas solicitudes de cambio de uso de suelo de área verde a equipamiento e incluso residencial.

Peor aún el proyecto de segundo anillo de circunvalación que busca descongestionar la ciudad mediante una doble vía, piensa arrasar con uno de los pocos bosquecillos de Kiswara (Buddleja incana) que se encuentra en la parte alta de la cuenca. Esta especie posee un sistema radicular muy fuerte que controla la erosión hídrica (reduce la velocidad de las escorrentías superficiales) y eólica, por ende coadyuva en la prevención de desastres como las inundaciones.

Pero lastimosamente cuando se habla de inversión en Potosí las juntas vecinales, barrios y otros por lo general solicitan obras de cemento, lo cual como se ha evidenciado  en este texto agrava el problema. Tampoco la sociedad civil exige que el problema de los pasivos ambientales mineros existentes en la ciudad sea solucionado, menos exigen más revegetación, en cambio solicitan que funcionen centros comerciales (Mall).

Las narrativas comunitarias tendrían que concentrarse en solicitar inversión en sistemas de alerta temprana para evitar estas situaciones  – que sin duda siempre afectan a las poblaciones en situación de vulnerabilidad – comprender que  invertir  y proteger la cobertura vegetal urbana no es un gasto, es una inversión en resiliencia y salud pública; pensar en la posibilidad de una ciudad de Potosí más allá de las jactancias económicas, de magnificencia y poderío minero; madurar hacia una vida digna donde las autoridades piensen y ejecuten la planificación territorial con enfoque de riesgos y paisaje vinculada al Cambio Climático; que los mecanismos financieros obligatorios que establece la Ley 602 sean realmente destinadas a acciones prioritarias que prevengan los riesgos y los disminuyan, de los contrario Potosí transitara a un territorio cada vez más sacrificado, Potosí merece una política pública que proteja a su gente antes de la emergencia, no solo durante ella.

 

MENSTRUAR SIN AGUA, MENSTRUAR EN LA CLANDESTINIDAD, EN LA PRECARIEDAD

Por: Milenka Vanessa Almanza López

Pero escasamente se ha hablado y contextualizado sobre como es menstruar en territorios afectados por el extractivismo minero. Los territorios donde la minería opera, esta doble opresión se vuelve brutalmente visible. Las empresas mineras acaparan o contaminan fuentes de agua, y al mismo tiempo, las mujeres y personas menstruantes enfrentamos condiciones indignas para gestionar nuestros ciclos menstruales, agravados por la falta de agua, baños, insumos, privacidad y educación menstrual.

La menstruación en la historia, ha sido motivo de vergüenza, de suciedad, ha sido un tabú. Actualmente muchos de los movimientos feministas están rompiendo estos esquemas, y se ha recorrido un camino muy largo en la desestigmatizacion de la menstruación y avanzar hacia la dignidad menstrual de todxs, quienes menstruamos o hemos menstruado

Pero escasamente se ha hablado y contextualizado sobre como es menstruar en territorios afectados por el extractivismo minero. Los territorios donde la minería opera, esta doble opresión se vuelve brutalmente visible. Las empresas mineras acaparan o contaminan fuentes de agua, y al mismo tiempo, las mujeres y personas menstruantes enfrentamos condiciones indignas para gestionar nuestros ciclos menstruales, agravados por la falta de agua, baños, insumos, privacidad y educación menstrual.

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En ese contexto, la niñas, mujeres menstruantes  y personas menstruantes en zonas donde el extractivismo minero se ha emplazado y se ha quedado sin permiso alguno, transitamos y hemos transitado nuestra menstruación en la clandestinidad, en el miedo, la vergüenza, en la duda, e incluso en el asco, más aun en un contexto minero machista que tilda, que invisibiliza y que utiliza a las mujeres como objetos meramente de reproducción.

En ese escenario me permito llevarlos a volar sobre el Cerro Rico de Potosí, una de las montañas con más minerales y riquezas importantes para los humanos. En las faldas de esa montaña, en las áreas aledañas a este cerro, la menarquia no llega sola, llega con la vergüenza, la falta de agua, el estigma y la soledad.

No hay agua en nuestras casitas tipo cubículos, solo hay agua en piletas públicas pero por horas definidas, no hay baños en las casas y estamos en pleno siglo XX.

En los baños públicos la cuya privacidad es escasa,  unos cubículos divididos por dos paredes inconclusas, que hacían de divisoria; estos cubículos, carecían de puertas; por ende las instalaciones de los baños no eran seguras, si no contabas con agua para asearte en el lugar, menos había agua potable para el aseo.

Una vez llegabas al baño público: tenías que hacer fila para tu turno y cambiarte la toalla higiénica (si es que contaban con ella), muchas veces otras usuarias del baño te veían mientras te cambiabas, y eso no era intencional era ocasional….más que eso era precariedad.

Otra opción para la “higiene” menstrual, era buscar un lugar recóndito dentro de casa, para poder cambiarte y “asearte”  – lo pongo entre comillas, porque la menstruación no es motivo de suciedad – porque recordemos que  en los baños públicos ni puertas habían.

Ahora imagina: No existe tampoco sistema de recolección de basura para disponer los residuos de la menstruación. El servicio de recolección de basura se instauro en Potosí, y con seguridad en muchos de los centros mineros a partir de la segunda mitad de la década de mil novecientos noventa, en ese escenario, muchas de las habitantes de estas áreas mineras, no contamos con  Instalaciones funcionales para usar, desechar o limpiar la protección menstrual (ejemplo las toallas higiénicas). ¡Adivinaste¡, los residuos eran dispuestos en la clandestinidad, en los basureros clandestinos, montado y sentados en medio o al rededores de la montaña más rica del mundo.

Por eso recuerda: cuando te digan que la minería es “progreso”……La minería no ha lograda tan siquiera garantizar servicios básicos en sus zonas de sacrificio, menos ha garantizado  ni garantiza menstruaciones dignas.

Porque lo que no sabíamos que desde aquel entonces y hasta ahora estábamos compitiendo con los ingenios mineros por el acceso al agua, y que desgraciadamente la balanza se ha inclinado siempre  hacia el lado de las operaciones mineras. En ese contexto hablar de dignidad menstrual es una odisea.

Todo esto aunado con que las fuentes de agua disponibles estaban y están en constante riesgo de ser contaminadas, dificultando un manejo de nuestra menstruación de forma segura y digna

En esa trama en medio del extractivismo minero en Potosí la menstruación es un factor catalizador de las desigualdades sociales estructurales, porque expone a peligros, menoscaba derechos fundamentales, discrimina,  y no dignifica la vida. Porque en las zonas mal llamadas “mineras” (porque son territorios con actividad minera impuesta), el estigma y exclusión se amplifican porque al Estado y menos a las empresas mineras se interesa la dignidad menstrual.

La dignidad menstrual, en este sentido, es también una lucha contra el modelo extractivo que niega el derecho a una vida digna. Todo esto se constituye en injusticias ambientales y de género, tatuadas en nuestra dignidad como personas menstruantes.

¡Queremos dignificar la menstruación, como un proceso: Natural, trasformador, saludable y revolucionario!

¡Queremos poner en las agendas públicas, que la actividad minera menoscaba la dignidad menstrual!

PRIMERO DE ABRIL 1545: EL NACIMIENTO DE UN POTOSÍ EN CLAVE MINERA, EN CLAVE DE SACRIFICIO AMBIENTAL Y SOCIAL.

Por: Milenka Vanessa Almanza López

En ese contexto los potosinos nacimos respirando aire enrarecido, viendo el paisaje plomizo (por los residuos minero metalúrgico), atrapados en un sueño de terror del que no podemos despertar, porque la minería ha dominado el territorio desde la colonia hasta hoy, convirtiendo a nuestra tierra en una Zona de Sacrificio Ambiental, concepto que describe lugares donde las fuentes de contaminación no han sido motivo de agencia, las vidas no importan y solo se valoran los réditos económicos. Estas áreas son la máxima expresión de las desigualdades socioambientales y, lamentablemente, Potosí encarna todas ellas.

Cuentan las leyendas potosinas que el primero de abril de 1545, el cerro Rico de Potosí en Bolivia fue “descubierto”, las condiciones apuntan a que esa fecha marcó el inicio de un destino nefasto para la historia de este territorio. Fue el inicio de una desposesión violenta, del despojo, del saqueo, de la injusticia social –ambiental, un tránsito violento vinculado a una identidad minera tatuada en los cuerpos de sus habitantes.

Ahora: Imagina ser un ave migratoria que regresa a Potosí el dos de abril de 1545, el olor a tierra mojada ha desaparecido, el agua no refleja siluetas; al presente el aire está invadido de químicos extraños. Han crecido los ingenios mineros (plantas de concentración de y beneficio de minerales), los desmontes, los diques de colas y la muerte inmutable abunda.

En ese contexto los potosinos nacimos respirando aire enrarecido, viendo el paisaje plomizo (por los residuos minero metalúrgico), atrapados en un sueño de terror del que no podemos despertar, porque la minería ha dominado el territorio desde la colonia hasta hoy, convirtiendo a nuestra tierra en una Zona de Sacrificio Ambiental, concepto que describe lugares donde las fuentes de contaminación no han sido motivo de agencia, las vidas no importan y solo se valoran los réditos económicos. Estas áreas son la máxima expresión de las desigualdades socioambientales y, lamentablemente, Potosí encarna todas ellas.

LOS PASIVOS AMBIENTALES Y EL LEGADO TOXICO

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En Potosí, la generación de recursos económicos es tan importante que se pretende “compensar” la explotación de la naturaleza mediante las regalías (Ley N°535 de Minería y Metalurgia, art. 223) por la explotación de recursos no renovables: minerales y metales no renovables. En 2023, se recaudaron 904.360.963,75 bolivianos en regalías, cifras insignificantes frente a los servicios ecosistémicos sacrificados durante siglos, que incluyen el soporte, la regulación y la provisión ambiental. Porque en los potosino y los bolivianos pareciera que no hay conciencia de que estamos exportando la Naturaleza, por alrededor de 480 años.

Esto se hace evidente con los 104  pasivos ambientales mineros o depósitos de residuos de la minería que contienen ingentes cantidades de sustancias  tóxicas  (inventariados por el Servicio Geológico Minero de Bolivia, en el 2014) que develan el legado toxico de la minería  en Potosí.

El 12 de marzo de 2025, en Andavilque, en el distrito de Catavi en LLallagua Potosí, se suscitó un hecho de colapso de la mal llamada laguna del Kenko, que en realidad es un dique de colas, que colapso ante la ausencia del Estado, ante la ceguera o desconocimiento de los “tomadores de decisiones”, de la implicancia real del Cambio Climático y las intensas lluvias en estos depósitos tóxicos, que ha llevado de aguas ácidas a Andavilque y la vida que habita en esta infausta comunidad que vive en clave minera, en clave de sacrificio, donde no hay regalía que alcance para volver a la vida lo extinto.

Pero eso no es todo, en la Ciudad de Potosí  habitan también pasivos ambientales, incluso dentro del área urbana, tales como:

    • Colas (desechos mineros) sufurosas y óxidos de San Miguel que datan de los años 50¨s, que colidan con las comunidades indígenas de Cantumarca y Huachacalla
    • Colas de Pailaviri (residuos de preconcentración de la planta instalada en el Cerro Rico de Potosí), cuyos contenidos de plata y plomo, no son comerciales, por tanto seguirán indefinidamente afectando al medio ambiente, pues a nadie le interesa por no tener importancia económica en su recuperación.
    • Pasivos ambientales no cuantificados como: al extremo del mirador Pary Orcko o montaña caliente en lengua quechua (que dicho sea de paso es un sitio turístico)
    • En el rio de la rivera, que es tributario del Rio Pilcomayo que es un rio trasfronterizo compartido con Paraguay y Argentina.
    • En la zona Huachacalla, altura bosquecillo, en el lugar denominado “Taiton”, lugar actualmente con bastante concentración de personas.

Estos restos tóxicos mineros son el testimonio no solo de la ausencia de gestión ambiental en las actividades mineras, sino del predominio de los discurso regalitarios en las narrativas potosinas, perpetuando el sacrificio del territorio. Son además una vorágine potencial ante el escenario del cambio climático, pues hay un alto riesgo de colapso ente las lluvias intensas que predominan actualmente, cuyo impacto ambiental y social, no se ven  como prioridad y urgencia en las políticas públicas en los diferentes niveles del Estado.

MINERÍA EN LA CIUDAD Y COLINDANTES A UNIDADES EDUCATIVAS

Pero eso no es todo, la actividad minera en la ciudad  Potosí (a pesar que la Ley 535 en su artículo 93, inciso a, prohíbe actividades mineras en áreas urbanas) ha crecido significativamente. Actualmente, 14 ingenios mineros operan en áreas urbanas, contribuyendo a la contaminación, degradación ambiental, y afectando a la vida. Se registran más de 500 bocaminas en el Cerro Rico, muchas en estado de abandono, que siguen siendo una fuente potencial de contaminación ambiental. Además de centros de acopio de minerales y comercializadoras y “exportadoras” de minerales incluso colindantes a unidades Educativas.

Las transnacionales también operan en la región. La Minera Manquiri recupera ciertos residuos mineros, utilizando cianuro de sodio para el recobro de plata. Estas actividades han impactado lagunas cercanas, como CHALVIRI, LOVATO, ULISTIA y PHISCO KOCHA, obligando a la empresa a realizar restauración ambiental por mandato judicial del Tribunal Agroambiental, plazo que ya e cumplió en enero del presente año. Además la operación de MANQUIRI tiene un efecto colateral en la economía y política nacional, porque ha creado una dependencia en las exportaciones del país hacia esta transnacional, lo que en el futuro creara una competencia entre países de base extractiva en la región para atraer inversiones extranjeras, cayendo en un bucle neocolonial, sin fin.

LOS RIOS HAN FALLECIDO EN POTOSI

En la red hídrica que cursa por la ciudad de Potosí se encuentran tres ríos principalmente: Huaynamayu, Chectakala, Korimayu y La Rivera, confluyen en el río Tarapaya, el cual es un afluente del río Pilcomayo, que es un rio de curso internacional, por ende su contaminación tiene alcance internacional.

Estos ríos tienen afectación de  Aguas acidas de minas, aguas de percolación acida de diques de colas  (aguas que en medio acido contienen metales pesados como Zing, Plomo, Cadmio en disolución) aguas residuales domésticas y hasta hace algunos años efluentes en gran volumen y colas de ingenios mineros en potosí, antes que se Instalen Laguna Pampa I  y II.

Todo esto se asemeja e un enfermo de cáncer agonizando, y con placebos medicamentosos cada vez más fuertes, para aparentar robustez y salud, más aun en un escenario de cambio Climático y de sequía y lluvias intensas vertiginosas

CLAVE MINERA E IDENTIDAD MINERA

En cuanto a los aspectos sociales y culturales, la explotación minera se ha naturalizado en Potosí, en medio de una identidad minera arraigada,  al punto de convertirse en una atracción turística en medio de la precarización  de la vida; pues, la minería no solo sacrifica el ambiente, sino también vidas humanas, a la fecha se reportan, más de 18 personas fallecidos en minas, solo en las labores mineras del cerro Rico.

¡ESTO NO PUEDE CONTINUAR!

Ante ese escenario de Sacrificio Social y Ambiental, es urgente hablar ya no de inclusión, sino de revolución, los habitantes de Potosí ya no podemos ser solo sujetos pasivo de reproducción de la”cultura minera” y la identidad Minera, estos concepto deben progresivamente desarraigarse de nuestra realidad país y de nuestro imaginario social y cultural.

El territorio potosino y el Cerro de Potosí, requieren una reparación histórica, para lo cual es necesario propiciar espacios de dialogo colaborativo entre actores y afectados, priorizando la vida en todas sus formas, escuchando e introduciendo los saberes de mujeres, comunidades indígena originarias, zonas y barrios afectados, cuestionando el modelo estractivista y neoextractivista a profundidad. Crear un tejido social, de acción para revertir el sacrificio, entendiendo que todas las formas de vidas importan y no son sacrificables.

POTOSÍ NUNCA MÁS EXTRACTIVISTA, NUNCA MÁS COLONIAL. LOS SALARES Y LOS HUMEDALES NO SERÁN ZONAS DE SACRIFICIO AMBIENTAL.

Por: Milenka Almanza

Desde el Colectivo Potosino Acontravía, queremos ampliar el análisis y contribuir a las narrativas actuales, porque creemos que Bolivia y los países del Sur Global no podemos seguir alimentando el estilo de vida consumista y colonial de los países del Norte Global a través de la mal llamada transición energética. En este proceso, el litio juega un rol crucial, ya que su extracción y explotación siguen promoviendo modelos de desarrollo basados en el exceso de consumo de energía.

Litio potosino, litio boliviano en disputa y sus narrativas actuales

El litio, un elemento químico perteneciente a los metales alcalinos, ha generado disputas en Bolivia, un país marcado por un extractivismo histórico. En este contexto, las narrativas predominantes se reducen exclusivamente a las regalías, al crecimiento económico y a una visión de «desarrollo» limitada únicamente a lo financiero, sin considerar las implicaciones socioambientales y estructurales de su explotación.

Por un lado, los cívicos —con discursos politizados, capitalistas y reduccionistas—, representados por el Comité Cívico Potosinista, no reflejan nuestras luchas ni se alinean con la justicia ambiental; por otro, los discursos del propio pueblo potosino y las políticas del gobierno insisten en una visión que se limita al discurso capitalista de las regalías, una atroz forma de “compensación” por la extracción de los recursos naturales. En este contexto, el modelo económico del neoextractivismo cobra relevancia. A diferencia del extractivismo clásico —de carácter colonial y neoliberal—, el neoextractivismo, promovido principalmente en América Latina desde la década de 2000, se desarrolla en escenarios de gobiernos progresistas que buscan redistribuir la renta de los recursos a través de políticas sociales; sin embargo, no rompe con la dependencia estructural de la explotación de materias primas, perpetuando la lógica extractivista bajo nuevas justificaciones (Gudynas, 2012). Tanto los cívicos como las políticas gubernamentales contribuyen a profundizar los extractivismos y neoextractivismos, reforzando una estructura económica que continúa sometiendo los territorios a la expoliación de sus bienes naturales en nombre del desarrollo.

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Algunos grupos con ciertas tendencias ambientalistas manejan el discurso de la transición energética y el rol crucial de los minerales “estratégicos”, como el litio, justificando su extracción desde la perspectiva del llamado extractivismo verde. Este modelo se presenta como ecológicamente sostenible y alineado con la transición energética; sin embargo, sigue reproduciendo las mismas dinámicas de saqueo, explotación y daño ambiental del extractivismo tradicional, solo que bajo el discurso de la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático.

Pero desde el Colectivo Potosino Acontravía, queremos ampliar el análisis y contribuir a las narrativas actuales, porque creemos que Bolivia y los países del Sur Global no podemos seguir alimentando el estilo de vida consumista y colonial de los países del Norte Global a través de la mal llamada transición energética. En este proceso, el litio juega un rol crucial, ya que su extracción y explotación siguen promoviendo modelos de desarrollo basados en el exceso de consumo de energía.

El Sur Global es una categoría geopolítica y socioeconómica que designa a los países históricamente marginados dentro del sistema mundial, generalmente ubicados en América Latina, África, Asia y Oceanía. No se trata solo de una ubicación geográfica, sino de una posición dentro de las estructuras globales de poder, producción y dependencia (Wallerstein, 2004). En contraste, el Norte Global se refiere a los países más desarrollados, industrializados y con mayor poder económico y político, que continúan beneficiándose del saqueo de recursos naturales del Sur. Por ello, hablar de la extracción y explotación del litio en Bolivia implica debatir sobre una transición energética justa, la cual no será posible sin una verdadera justicia global.

Tampoco sin justicia local, pues las narrativas actuales en Potosí reflejan una profunda preocupación por la apropiación minera del territorio, la identidad minera inherente y la despolitización de los temas ambientales entre la población potosina.

Las connotaciones geopolíticas de la extracción

La discusión desde la potosinidad no debería centrarse únicamente en la consigna “Potosí se respeta”, entendida solo desde una visión de resentimiento y anhelos desarrollistas promovidos, en muchos casos, por medios de comunicación que refuerzan una identidad minera sin cuestionar sus implicaciones. Es necesario mirar más allá de lo evidente y comprender las connotaciones geopolíticas de las dinámicas extractivas del litio, que están ligadas al control de los recursos por parte de un país o grupo de países sobre los bienes naturales de Bolivia. En estos escenarios, los componentes ambientales se reducen a meros recursos económicos, sin que a estos países les importe el despojo ni los conflictos socioambientales que surgen en torno a su explotación.

La extracción del litio boliviano, además de los altos impactos ambientales potenciales que pueden suscitarse y que ya se generan actualmente, también exacerba la deuda ecológica de los países del Norte Global con los países del Sur Global. Si alguien lo sabe bien, somos los potosinos: la ciudad de Potosí es una zona de sacrificio ambiental, un territorio explotado intensivamente por actividades extractivas con un alto costo social y ambiental para sus comunidades (Elias, 2016). ¿Acaso vamos a garantizar el estilo de vida de los ricos a costa del sacrificio de nuestra naturaleza eternamente?

La mal llamada transición energética y el litio boliviano

Bolivia y los salares que albergan litio se encuentran en el llamado «Triángulo del Litio», al que en los últimos tiempos se le ha asignado un papel “fundamental” en la transición energética. Sin embargo, esta transición energética es totalmente desigual y jerárquica, ya que no cuestiona el modelo extractivista de producción ni la explotación de materias primas en el Sur Global. Tampoco problematiza los vínculos sociales y ambientales de las poblaciones humanas y no humanas que han habitado históricamente el salar de Uyuni, evolucionando y especializándose en torno a él, ni los ecosistemas vulnerables que dependen de su equilibrio. Pero, sobre todo, no cuestiona el nivel exorbitante de consumo energético de los países del Norte Global.

Se trata de una transición energética corporativa que promueve y justifica la mercantilización de los bienes comunes, potenciando las desigualdades estructurales ya existentes. Ejemplo de ello son los contratos con la empresa rusa Uranium One y el consorcio chino Hong Kong CBC, en el que participa CATL y su dominio en la cadena de suministro. Estos casos evidencian la inmersión del país en un capitalismo tecnocrático, que pretende presentar las tecnologías actuales y de «punta» como la solución absoluta, mientras que las multinacionales solo ven el litio desde una perspectiva económica y de negocios, utilizándolo como instrumento para reforzar su poder geopolítico.

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Estamos seguros de que este o cualquier otro gobierno apostaría igualmente por el extractivismo; la única diferencia serían los matices con los que se lleve a cabo. Por lo tanto, no se trata solo de un tema de administración gubernamental, sino de una lucha de poder y posicionamiento de las economías a nivel global. Por esta razón, sabemos que un cambio de gobierno no resolverá el problema de la extracción del litio, ya que cualquier administración, tarde o temprano, terminaría entregando este recurso; lo único que cambiaría sería la disputa por el control del poder.

Desde Acontravía, apostamos por que el litio no se explote ni ahora ni en el futuro, pues el único desenlace de su explotación es el colapso socioecológico y sistémico. Cualquier otra postura significaría asumir los discursos hegemónicos de la transición energética bajo el pretexto de la descarbonización y la mitigación del cambio climático, sin considerar los impactos ambientales, sociales e incluso culturales de su explotación, tanto en el presente como en el futuro. Esto parte de la falacia de que la transición energética es uniforme en todas las latitudes, como si las necesidades energéticas fueran las mismas en cualquier parte del mundo. Por tanto, una verdadera transición energética solo es posible si incorpora justicia global y justicia socioecológica.

Desde Acontravía, alzamos nuestra voz para proclamar con firmeza: ¡Ni los salares ni los humedales andinos serán zonas de sacrificio ambiental! No aceptaremos que los seres vivos que allí habitan, ni los milenios que les ha tomado especializarse en su entorno, sean ignorados y destruidos en nombre del «desarrollo».

Desde Acontravía, sabemos y reconocemos que: ¡Somos hijos de mineros, pero no hijos de la minería. Somos los hijos de la transformación¡

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PALESTINA VIVE, PALESTINA LIBRE

Por: Milenka Almanza

La ocupación de Palestina no es solo una cuestión territorial; es un despojo que abarca cuerpos, vidas, dignidades y no solo acaba con las vidas humanas, sino también múltiples otras formas de vida no humanas que soportan el embate genocida en silencio. ¿Cuánta biodiversidad estará siendo arrasada? y de los cuales escasamente se habla.

Palestina vive hoy más que nunca; sus sollozos y gritos se multiplican y resuenan en todos aquellos que imploramos su libertad. A días de declararse un supuesto alto al fuego -ya que no cesan los ataques contra Gaza- urge abordar las heridas abiertas que deja la ocupación de un territorio donde la vida en todas sus formas libra una lucha desigual contra la maquinaria de muerte, desposesión y despojo. Palestina, desde hace décadas, ha sido el epicentro de una de las injusticias más brutales de nuestra era: un pueblo sometido a un régimen colonial y neocolonial que perpetúa un ciclo de violencia estructural de «limpieza racial» y genocidio.

La ocupación de Palestina no es solo una cuestión territorial; es un despojo que abarca cuerpos, vidas, dignidades y no solo acaba con las vidas humanas, sino también múltiples otras formas de vida no humanas que soportan el embate genocida en silencio. ¿Cuánta biodiversidad estará siendo arrasada? y de los cuales escasamente se habla. Desde 1948, con la declaración del «Estado de Israel», los palestinos han sido despojados de su tierra, fragmentados por fronteras que no respetan sus historias, sus culturas, ni sus derechos.

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La ocupación militar israelí no solo se traduce en la expropiación de hogares, sino en un sistema que criminaliza la resistencia y normaliza la violencia contra un pueblo desarmado donde habita una cultura milenaria. Desalojos forzados, bombardeos sistemáticos, control de la ayuda humanitaria, son las herramientas de un control despiadado que busca borrar a Palestina del mapa y de la memoria.

En ese contexto, es importante comprender que el conflicto en Palestina es el reflejo moderno de un régimen colonial disfrazado de democracia. Israel, como potencia ocupante, se ha beneficiado del respaldo incondicional de potencias occidentales que, al igual que en los tiempos de los imperios coloniales, consideran que ciertas vidas valen más que otras y que vidas pueden ser sacrificadas. Esta neocolonia no opera de manera aislada; se inserta en una economía global que lucra con la militarización, el comercio de armas, el extractivismo, el neoextractivismo y el despojo. Palestina, tristemente para Israel, es hoy un laboratorio del autoritarismo moderno, donde se experimentan tecnologías de vigilancia y represión que luego son exportadas al resto del mundo.

El Estado de Israel, lejos de ser un refugio seguro tras el Holocausto, ha adoptado la lógica opresora que juró combatir. Con el apoyo incondicional de la mayoría de los países del mundo occidental, ha consolidado una alianza que utiliza la narrativa del «terrorismo» para justificar crímenes de lesa humanidad. La industria armamentista estadounidense encuentra en la ocupación de Palestina un mercado perpetuo, mientras las resoluciones internacionales contra el apartheid israelí son vetadas o ignoradas. Aquí no hay neutralidad posible: el silencio de las potencias globales es complicidad directa con el sufrimiento de millones de palestinos.

La palabra apartheid no es una exageración; es una descripción precisa de la segregación sistémica que sufren los palestinos. Desde las leyes que limitan sus movimientos hasta las que restringen su acceso a servicios básicos, el apartheid israelí ha institucionalizado la desigualdad como forma de gobierno. Este sistema se sostiene en la deshumanización, en la idea de que los palestinos son menos merecedores de derechos que sus opresores. La narrativa oficial los presenta como amenaza, cuando en realidad son la víctima de una maquinaria colonial que busca eliminarlos de su propia tierra, de su vida, de su historia: presente y futuro.

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Las cicatrices del pueblo palestino no son solo físicas; son también culturales, sociales y psicológicas; así como las cicatrices de los miles de especies de fauna y flora que perecieron por la supuesta superioridad israelí. Cada generación hereda el dolor de la anterior, mientras los niños crecen entre los escombros de hogares destruidos y familias desmembradas. Estas cicatrices son el recordatorio constante de que el genocidio no es un acto único, sino un proceso continuo que busca quebrar la voluntad de un pueblo entero, su territorio y la naturaleza que los acoge.

Lo que no se nombra no existe: lo que ocurre en Palestina es ¡genocidio! No solo por las muertes, sino por el intento sistemático de borrar una cultura, un idioma y una historia. Cada ataque, cada bombardeo y cada acto de represión es parte de un plan macabro para hacer desaparecer a los palestinos como pueblo. Este genocidio no es solo un crimen contra ellos; es un crimen contra la humanidad, contra todos los principios que supuestamente sostienen nuestra civilización.

A pesar de todo, Palestina vive. Vive en las canciones que cruzan fronteras, en los grafitis que denuncian el apartheid, en las marchas solidarias que llenan las calles del mundo. Vive en la resistencia cotidiana de quienes se niegan a ser borrados, en las manos que siembran olivos como acto de rebeldía y esperanza. El pueblo palestino nos recuerda que la lucha por la libertad no tiene fronteras ni caducidad. Palestina no es solo una causa local; es un llamado global a combatir todas las formas de opresión y a construir un mundo donde la vida, y no el capital, sea el centro.

El grito de Palestina es también el nuestro. Que su resistencia nos inspire a cuestionar los sistemas que perpetúan el despojo y la violencia, y a luchar por un mundo donde la justicia no sea una utopía, sino una realidad tangible. Palestina vive porque su resistencia es inmortal.

Este grito se enmarca también en las promesas vacías de altos al fuego que, lejos de traer una verdadera solución, operan como estrategias de distracción y desgaste para el pueblo palestino. Estas treguas, anunciadas como avances hacia la paz, no son más que espejismos en un desierto de injusticias. Mientras se negocian supuestos acuerdos, las estructuras del apartheid y la ocupación permanecen intactas, perpetuando el sufrimiento y retrasando cualquier posibilidad real de justicia. Es imprescindible denunciar estos falsos altos al fuego y exigir una paz que no sea simplemente la ausencia de violencia directa, sino la restitución de derechos, dignidad, vida para Palestina y vida para el territorio y la naturaleza que los acoge.

¿QUIÉN CUIDA EL AGUA EN POTOSÍ? – LAS AGUAS ROBADAS

Por: Milenka Almanza López

Pero no solo se apropian del agua, sino que después de sus procesos productivos violentos, nos la devuelven contaminada, con una carga social, económica y ambiental acumulada en las espaldas de los menos poderosos.

La crisis ambiental y del agua a nivel mundial tiene una connotación trágica, no solo para los seres humanos, sino también para los sistemas ecológicos. Potosí, Bolivia, no está exenta de esta problemática. En resumen, es el resultado de la agudización de la tensión ecológica, política y económica en la región. Hoy en día, esta región andina está atravesando una crisis del agua debido a la sequía producto del rompimiento de los ciclos del fenómeno del niño y el cambio climático implícito. Pero no solo eso, existe una suerte de competencia entre los usuarios del agua, intereses sectarios, económicos y hasta políticos, donde el agua fluye hacia quienes tienen más poder.

En este texto, no pretendo caer en el esencialismo y analizar esta crisis desde una dinámica de petición, sensacionalismo y hacerlo como resultado de la coyuntura actual. Potosí, al ser una de las regiones donde el avance del extractivismo supone la expansión y el patrocinio de proyectos de extracción a toda costa, sin importar la fractura de los sistemas ecológicos, las vidas ni su subsistencia. Además, se piensa que el territorio de la ciudad de Potosí está exento de los efectos del Cambio Climático. Esto supone entonces caer en una lucha de poder de quienes manejan a la sociedad potosina, donde la producción del agua en la ciudad responde a negociaciones para su uso, y las «decisiones» en última instancia las toman los poderosos que «mantienen económicamente el sistema de distribución», como ellos quieren hacer creer a los pobladores de la ciudad.

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Los titulares en el periódico local mencionan: «Recursos de regalías mineras atenderán necesidades de agua en Potosí», de la voz del nuevo Gobernador de Potosí, cuando en realidad la actividad minera en Potosí es la que despoja de los recursos hídricos a la población y a los sistemas ecológicos. Este despojo se denomina despojo hídrico por contaminación, pues los empresarios mineros que operan ingenios utilizan ingentes cantidades de agua para sus operaciones de beneficio de minerales. Aguas que les son robadas no solo a los pobladores, sino también a la naturaleza. Este despojo es violento, pues mientras las madres de familia hacen fila por unos cuantos cubos de agua o esperan a que el agua salga del grifo a las 3 de la madrugada, los poderosos la reciben canalizada y segura en sus instalaciones.

Pero no solo se apropian del agua, sino que después de sus procesos productivos violentos, nos la devuelven contaminada, con una carga social, económica y ambiental acumulada en las espaldas de los menos poderosos. Bajo esas premisas, existiría la privatización del agua en Potosí en pro de los empresarios mineros, afectando el acceso justo de los pobladores de la ciudad de Potosí. Se ha llegado a vender de forma ilegal incluso a 200 bolivianos o 28.8 dólares americanos el barril de agua de 200 litros, en una suerte de colonialidad de la naturaleza, esta vez por los propios, en la denominada colonialidad interna. Este poder cruento en este caso es ejercido por poderosos patriarcales que se traducen en las cooperativas mineras, transnacionales mineras, tecnócratas y burócratas estatales.

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Esto sucede en la ciudad de Potosí porque es un escenario de inacción social; el territorio está despolitizado respecto a temas ambientales, sobre todo relacionados con la minería. En ese contexto, la búsqueda efectiva de la justicia ambiental, ecológica y social es urgente, en sociedades como la potosina que priorizan el «desarrollo económico» ante todo. El agua debe fluir en un ciclo, no hacia el poder. El agua es un bien común, y fomentar la universalización de los valores de la ética de su cuidado hacia los humanos y la naturaleza es apremiante, tan imperante y central como apostar por la sostenibilidad y continuidad de la vida como categoría de análisis. Abordar una nueva y transformada cultura ambiental en la ciudad de Potosí.

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Dejar de feminizar la naturaleza y sobreser su subordinación, repensar y cuestionar los conceptos y construcciones sobre lo que se considera feminidad y masculinidad, pues en este contexto están jugando un rol crucial en cómo las sociedades ocupan y transforman los territorios. De lo contrario, Potosí seguirá transitando hacia un territorio vacío, que se ha incluido de manera forzada en la economía mundial, donde prima el capitalismo no solo como sistema económico, sino político, social y hasta cultural, que antepone los intereses del capital sobre cualquier forma de vida, dejando de lado nuestras relaciones de interdependencia y ecodependencia con el agua.

mileoxka@gmail.com